
“Con el descubrimiento satelital de importantes anomalías térmicas en extensión fuera del parque nacional, y si se confirman los modelos numéricos y la Administración se implica, Lanzarote puede ser la isla con mayor potencial geotérmico del archipiélago canario”, anunció José Francisco Albert, doctor en Geología e investigador con decenios de experiencia en la geotermia de Canarias.
Tras los fallidos intentos de desarrollar la energía geotérmica en Lanzarote entre los años 1977 y 1993, ahora se abre una nueva y “esperanzadora” oportunidad. El IGEO-CSIC ha estudiado las raíces profundas de los volcanes de Lanzarote, desarrollando un modelo geofísico que permite ver cómo se almacenó y transportó el magma durante la gran erupción de Timanfaya. Gracias a esta investigación, ahora sabemos que el área de extensión de las anomalías geotérmicas de la isla es mucho mayor de la que se tenía constancia “y se hallan también fuera del parque nacional”.
Albert especificó que estos datos deben validarse mediante “precisas técnicas geofísicas”, “modelos numéricos adicionales” y “un primer sondeo AGS con sistemas geotérmicos avanzados” que sería necesario llevar a cabo para verificar las actuales hipótesis.
Esta perforación AGS sería “el gran aporte energético renovable capaz de sustituir a la actual central de Punta Grande”, con la única energía que es continua y almacenable. “Lo que hay aquí, si se confirma, es espectacular”, concluyó el Premio Nacional de Geología, el doctor José Albert.
Descarbonizar la isla y conservar el medio natural
La jornada del viernes sobre la geotermia en Timanfaya contó también con las intervenciones de David Astrain y Miguel Araiz, doctores en Ingeniería Industrial vinculados a la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y responsables de una tecnología inédita a nivel mundial instalada en el parque nacional y exportada a la Antártida.
¿Es posible generar electricidad con el calor del subsuelo, respetando el medio ambiente y sin hacer costosas inversiones? Astrain tiene la prueba de que sí. Los generadores termoeléctricos geotérmicos que su equipo instaló en 2023 en Islote de Hilario, en el Parque Nacional de Timanfaya, generan 500 vatios de forma contínua: las 24 horas del día los 365 días del año, cantidad suficiente para garantizar el consumo eléctrico de treinta personas y que evita la emisión de tres toneladas de CO2 al año.
Esta tecnología “inédita en el mundo” podrá cubrir la demanda de las instalaciones del Parque Nacional de Timanfaya y, de confirmarse las anomalías térmicas satelitales detectadas, podría ser usada en otros lugares de la isla para autoconsumo doméstico.
Sencillos, robustos y modulables, estos generadores pueden ser construidos en el taller de un instituto o un centro de formación profesional que disponga de torno y fresadora. “Es un tubo hermético con agua en su interior e intercambiadores de calor de alta eficiencia” que convierten la diferencia de temperatura entre el subsuelo y el ambiente exterior en electricidad, explicaron Astrain y Araiz.
Es la primera vez en el mundo que se consigue aprovechar un yacimiento de roca caliente sin inyectar agua y sin instalar partes móviles. La tecnología lleva dos años funcionando a nivel pre industrial en el parque lanzaroteño, “ahora hay que demostrar que es competitiva a nivel comercial”.
Esta tecnología implantada en Lanzarote ha generado un “gran impacto internacional”. El instituto GNS Science de Nueva Zelanda quiere prototipos que se extrapolen a las características de su territorio y la NASA ha mostrado “un gran interés por la tecnología desarrollada en Lanzarote” porque trabaja con materiales optimizados para altas temperaturas y explora posibles focos térmicos en Marte. Durante la jornada se realizó una conexión en directo con la NASA.
Tanto David Astrain como Miguel Araiz, investigadores de la UPNA, se mostraron “muy emocionados” por la confianza que tuvo en su equipo el Parque Nacional de Timanfaya, gestionado por la consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias. Un prototipo basado en el de Lanzarote fue instalado el año pasado en la base científica Gabriel de Castilla, en la Antártida, consiguiendo otro nuevo hito: es la primera vez que se logra suministrar energía de manera continúa a un sistema de vigilancia volcánica en un lugar remoto.
