Las Islas de Bahamas y Alaska tienen cada una un triángulo de misterio y peligro, pero Canarias tiene otro mucho más trágico
Las Islas de Bahamas y Alaska tienen cada una un triángulo de misterio y peligro, pero Canarias tiene otro mucho más trágico.
Las Islas de Bahamas y Alaska son conocidas por su belleza natural y sus paisajes impresionantes, pero también albergan triángulos en los que ocurren fenómenos extraños y, en ocasiones, trágicos. Estos misteriosos lugares han capturado la imaginación de muchos, generando teorías y relatos que van desde lo paranormal hasta lo inexplicable. Pero hay otro triángulo menos conocido e igualmente inquietante que se extiende entre Argelia, Marruecos, Sáhara, Mauritania, Senegal, Gambia y Canarias. Este triángulo, marcado por la tragedia y la desesperación, ha sido escenario de innumerables sucesos relacionados con la inmigración ilegal y la pérdida de vidas humanas en altamar.
En las aguas que rodean este triángulo, más de 5.000 personas han encontrado su destino final en las últimas tres décadas. La travesía hacia las Islas Canarias, en busca de una vida mejor, se ha convertido en una odisea mortal para muchos migrantes. A pesar de la magnitud de esta tragedia, la respuesta de los políticos canarios y peninsulares ha sido, en gran medida, insuficiente. En lugar de abordar las causas profundas de la inmigración ilegal y buscar soluciones efectivas, se han hecho y se siguen haciendo llamamientos que, sin lugar a dudas, han y están fomentando esta peligrosa travesía.
La situación es compleja y está influenciada por múltiples factores, incluyendo la pobreza, la inestabilidad política y la falta de oportunidades en los países de origen. Pero sin lugar a dudas es fundamental que los líderes políticos tomen medidas decisivas para abordar esta crisis humanitaria.
El cierre de los albergues y la deportación de adultos y MENAs que llegan a Canarias en pateras, zodiacs y cayucos deben ser algunas de las estrategias a implementar, pero deben ir acompañadas de un enfoque más amplio que incluya la cooperación internacional y el desarrollo de políticas que aborden las raíces del problema y que no den cabida a la petición ni a la obtención de asilos falsos como los que se están demandando y concediendo a MENAs y adultos procedentes de Malí y de otras naciones.
Es hora de que los políticos se pongan las pilas y asuman la responsabilidad de proteger vidas. Cerrar las fronteras y establecer medidas más estrictas podría ser una forma de reducir la inmigración ilegal y, en consecuencia, salvar vidas en el mar. Sin paños calientes, esta solución debe ser parte de un enfoque integral que contemple la creación de oportunidades en los países de origen y el fortalecimiento de las políticas migratorias.
La tragedia que se desarrolla en este triángulo entre África y Canarias no puede ser ignorada. Es un llamado a la acción para todos aquellos que tienen el poder de cambiar esta situación. La historia de las Bahamas y Alaska nos recuerda que los triángulos de misterio pueden ser peligrosos, pero el triángulo que se extiende entre África y Canarias es una realidad que exige nuestra atención y compasión. Solo a través de un esfuerzo conjunto y decidido podremos poner fin a esta tragedia y ofrecer en sus respectivas naciones un futuro más esperanzador a quienes buscan una vida mejor.
Pero lo más difícil de solucionar es evitar que políticos vendepatrias canarios y peninsulares sigan gobernando las islas como si fueran de su propiedad y donde solo sus ansias de poder son las que cuentan.